La vida arcoiris

¿Qué es?

“La vida arcoíris” es una campaña de sensibilización y concienciación sobre la realidad de las personas LGTBI en su entorno familiar, subvencionada por la Consejería de Igualdad, Políticas Sociales y Conciliación.

¿A quién va dirigido?

Está dirigido a las familias cuyos hijos o hijas sean lesbianas, gays, trans o bisexuales.

Cuál es su objetivo

Su objetivo principal es mejorar las relaciones paterno/materno-filiales en familias con hijos e hijas LGTBI, dotándoles para ello de información que les ayude, entre otras cosas, a derribar los estereotipos y prejuicios sobre el colectivo.

¿Qué se hace?

La campaña aporta información sobre la diversidad sexual, la LGTBIfobia, sus consecuencias, el paradigma de la heteronormatividad y la importancia del apoyo familiar, entre otros.

Las subactividades que comprende la campaña son:
– Realización de un spot.
– Diseño de una web.
– Elaboración de cartelería y material de difusión.

¿QUÉ ES LA DIVERSIDAD SEXUAL?

Ninguna persona es igual a otra: las hay que son más altas o más bajas, que tienen los ojos verdes o negros, que son más extrovertidas o más tímidas, que les gusta leer o cantar, que creen en una religión o en otra o en ninguna, y así hasta un largo infinito, pues la diversidad humana es ilimitada e inagotable por cuanto abarca todo aquello que nos hace diferentes a unos seres humanos de otros. Dentro de este concepto general, el término diversidad afectivo-sexual hace referencia, concretamente, a la pluralidad de identidades de género y orientaciones sexuales que existen.

La identidad de género es, según los Principios de Yogyakarta, “la vivencia interna e individual del género tal como cada persona la siente profundamente, la cual podría corresponder o no con el sexo asignado al momento del nacimiento, incluyendo la vivencia personal del cuerpo y otras expresiones de género incluyendo la vestimenta, el modo de hablar y los modales”. Siguiendo esta definición, las personas transexuales o transgénero son aquellas que no se identifican con el sexo que les es asignado al nacer, mientras que las personas cisexuales o cisgénero son aquellas que sí lo hacen.

La orientación sexual, por su parte, es definida por la American Psychological Association como “la atracción emocional, romántica, sexual o afectiva” que una persona siente hacia otra, ya sea del mismo sexo (homosexualidad), de otro distinto (heterosexualidad) o de ambos (bisexualidad), entre otros.

Independientemente de cual sea nuestra orientación sexual y/o identidad de género, todos los seres humanos somos iguales en tanto sujetos de derecho y, como tales, merecemos el mismo trato y respeto. Ahora bien, aunque este principio de igualdad es reconocido por la Declaración Universal de Derechos Humanos, así como también por las distintas constituciones de los países democráticos, lo cierto es que, desafortunadamente, no siempre se cumple, y así, muchas personas siguen siendo víctima hoy en día de la llamada LGTBfobia.

¿QUÉ ES LA LGTBfobia?

La expresión LGTBfobia hace alusión a cualquier actitud hostil hacia las lesbianas, gays, trans, bisexuales y cualquier persona cuya identidad de género y/u orientación sexual es considerada como no normativa. Una actitud hostil que puede adoptar muchas formas (desde la discriminación y el rechazo, ya sea abierto o encubierto, hasta la violencia verbal y física) y manifestarse en cualquier contexto social, incluido el entorno familiar y el educativo.

Con respeto a este último, debemos recordar que muchos niños, niñas y adolescentes siguen sufriendo cada día en sus colegios e institutos lo que ha venido en llamarse el bullying homofóbico, definido por la UNESCO (2015) como aquel “tipo específico de violencia, común en el contexto escolar, que se dirige hacia personas por su orientación sexual y/o identidad de género, percibida o real”, y que incluiría insultos, comentarios despectivos, humillaciones, burlas, aislamiento, exclusión, amenazas o golpes, entre otras formas de violencia física o psicológica.

¿QUÉ ES LA HETERONORMATIVIDAD?

Aunque en muchas ocasiones el rechazo hacia las personas LGTB es explicado como fruto de un miedo irracional de carácter individual, lo cierto es que, como ha señalado Pichardo (2012), se trata de algo que “se construye socialmente” y que, por tanto, lo “aprendemos” y “reproducimos culturalmente”. Así pues, si la LGTBfobia no es un problema psicológico que afecta a determinadas personas sino una problemática estructural inherente a nuestro sistema social, es ahí donde debemos buscar lo que la causa.

Y para ello, lo primero que debemos tener en cuenta es que vivimos en un sistema social dominado por la heteronormatividad, entendiendo como tal “el régimen social, político y económico” según el cual “la única forma aceptable y normal de expresión de los deseos sexuales y afectivos, así como de la propia identidad, es la heterosexualidad”. Y se considera así porque la heteronormatividad se basa en un modelo de sexo/género dualista según el cual los seres humanos estaríamos divididos de manera natural en dos categorías distintas y excluyentes (hombre y mujer). Categorías que, según este sistema de pensamiento, deben corresponderse con el sexo que nos es asignado a las personas al nacer según nuestros genitales externos. Este sexo biológico debe concordar, a su vez, con una identidad de género específica, la cual, además, está asociada a una orientación sexual y a unos roles y expresiones de géneros determinados. Por poner un ejemplo que clarifique este concepto: si una persona nace con un aparato genital externo femenino –vulva–, socialmente no solo se espera sino que se asume que debe ser una mujer, que se identifique como tal y que lo exprese a través de lo que se considera una apariencia y conductas típicamente femeninas (por ejemplo, jugar a las casitas en el caso de las niñas, o maquillarse cuando son más mayores), que sienta deseo sexual hacia los hombres y establezca sus relaciones afectivo-sexuales y de parentesco siguiendo la norma heterosexual.

Si este tipo de correspondencia entre sexo biológico, identidad de género, rol de género y orientación sexual es considerado no solo como algo deseable sino, además, “normal”, cualquier persona que se salga de esta norma es calificada como “anormal” y queda, en consecuencia, estigmatizada como tal. Y esto es precisamente lo que ha ocurrido a lo largo de la historia, y sigue sucediendo en la actualidad, con las mujeres a las que no les gustan los hombres (lesbianas), con los hombres que no les gustan las mujeres (gays), con los hombres o mujeres que les gustan ambos sexos (bisexuales), con las personas que no se identifican con el género que les asignado al nacer (transgénero) o quieren cambiar su sexo (transexuales) o con cualquier otra persona que haya transgredido, de un modo u otro, la frontera de lo considerado como normal en algunos de sus tres niveles (sexo, género u orientación sexual).

¿QUÉ CONSECUENCIAS TIENE LA LGTBFOBIA EN LAS VÍCTIMAS ADOLESCENTES?

Como cualquiera sabe por experiencia propia, dejar la niñez para adentrarse en la adultez implica una serie de cambios tanto a nivel físico como psicológico que hacen de la adolescencia una etapa cuanto menos difícil en la gran mayoría de los casos.

Uno de los hitos más importantes de este período de la vida es el despertar y descubrimiento de la propia sexualidad. Si este proceso suele ser complicado para gran parte de los/las adolescentes, aun lo es más en el caso de los/las jóvenes LGTB ya que deben hacer frente no solo a la dificultad que para cualquier adolescente entraña el hecho de identificar, comprender y hablar de su sexualidad sino también a aquellos problemas que se derivan de la LGTBfobia imperante en nuestra sociedad.

Para comprender la problemática específica de los/las adolescentes LGTB, debemos tener en cuenta así que la mayoría han sido socializados durante su infancia, dentro del ámbito familiar, escolar y a través de los medios de comunicación, dentro del sistema de sexo/género heteronormativo del que hablábamos en el apartado anterior y que, por tanto, han aprendido que unas determinadas identidades de género y orientaciones sexuales son consideradas “normales” y, por consiguiente, aceptadas y respetadas, mientras otras son tenidas por “anormales” y, en consecuencia, estigmatizadas y rechazadas. Por ello, cuando un/a adolescente descubre que su identidad de género y/u orientación sexual es diferente de la normativa suele experimentar cierto grado de angustia pues, obviamente, nadie quiere ser repudiado ni menospreciado. Y aunque bien es cierto que hay algunos/as jóvenes LGTB que no tienen ningún problema a la hora de aceptarse a sí mismos y se sienten bastante cómodos mostrando abiertamente a los demás quiénes son, no podemos negar que la gran mayoría sufren al respecto enormes conflictos internos.

De hecho, son muchos y muchas las adolescentes LGTB que, en su comprensible afán de evitar a toda costa el rechazo y discriminación por parte de su entorno más inmediato, de encajar en su grupo de iguales o de no darle un disgusto a sus familias, ocultan su orientación sexual y/o identidad de género, o se lo cuentan solo a unos pocos allegados y lo mantienen en secreto para el resto, o se aíslan completamente de los demás para que nadie pueda descubrirla, o fingen que sienten cosas que no sienten, o reprimen sus deseos sexuales, o incluso llegan a negarse a sí mismos.

Dado que negar, encubrir o disimular quién eres conlleva siempre un alto coste a nivel psíquico, los/adolescentes LGTB suelen tener un mayor riesgo de sufrir distintos problemas de salud mental, como depresión, ansiedad, trastornos de alimentación (bulimia, anorexia, obesidad, etc.), abuso de sustancias nocivas, e incluso pensamientos y conductas suicidas. Con respecto a esto último, el director del Observatorio Español contra la LGTBfobia denunciaba en 2018 que “los intentos de suicidio entre los jóvenes LGTBI son de tres a cinco veces más numerosos que entre los jóvenes en general. De media casi 50 jóvenes LGTBI se suicidan cada año, y otros 950 jóvenes LGTBI lo intentan”.

Problemas todos ellos que, según demuestran diversos estudios, aparecen con más frecuencia en el caso de aquellos/as jóvenes LGTB que sufren bullying lgtfóbico y/o son rechazados por sus padres y madres. Y es que, la falta de aceptación del entorno más inmediato siempre supone un claro obstáculo al ya difícil proceso de autoaceptación. En este sentido, quizás convendría recordar el caso de una familia de Canadá cuyo hijo dejó la siguiente nota antes de suicidarse: “me he suicidado porque soy homosexual y no quiero haceros sufrir y pasarlo mal”. Al leerla, los padres dijeron que ellos nunca hubiesen discriminado a su hijo por ser gay. Y claro que sería así, pero como dice Pichardo en el artículo de donde hemos extraído esta historia (2012), “su hijo no lo sabía”.

¿QUÉ PODEMOS HACER? RECOMENDACIONES PARA MADRES Y PADRES DE ADOLESCENTES LGTB

Si para cualquier adolescente, el amor y apoyo de su familia resulta fundamental para el desarrollo saludable de su identidad de género y/u orientación sexual, aun lo es más si cabe en el caso de los adolescentes LGTB por las razones que acabamos de exponer. 

Sin embargo, no todas las familias aceptan con normalidad desde un primer momento la homosexualidad, bisexualidad o transexualidad de sus hijos/as y les ofrecen el apoyo que necesitan. De hecho, la mayoría de los especialistas que han tratado esta cuestión coinciden en destacar que buena parte de las familias de los/las adolescentes LGTB muestran una actitud negativa, al menos al principio, ante el descubrimiento de que la orientación sexual y/o la identidad de género de sus hijos/as es diferente a las que son socialmente aceptadas. Entre los sentimientos y emociones más comunes que experimentan estos padres y madres se encontrarían la ira, la frustración, la sensación de fracaso, la vergüenza y el miedo, no solo a lo desconocido sino también al qué dirán y al rechazo que sus hijos/as puedan sufrir por parte de la sociedad. En muchos casos, estos estados emocionales no son permanentes, sino que cambian con el paso del tiempo y así, después de la conmoción inicial, hay familias que aprenden a ayudar y a comprender a sus hijos/as y acaban aceptando su orientación sexual y/o identidad de género.

En otros casos, sin embargo, no ocurre así. De hecho, hay algunas familias que entran en tal estado de shock cuando descubren que sus hijos/as son homosexuales, bisexuales o transexuales que, incapaces de aceptar la realidad o viviéndola como una verdadera tragedia, la niegan, la ocultan, prohíben hablar del tema creyendo que así dejará de existir, tratan de convencer a sus hijos/as que están equivocados o confundidos, o incluso los obligan a ir alguna “terapia de conversión sexual” para que cambien. Para los/las adolescentes que sufren esta falta de aceptación y apoyo por parte de sus familias, el hogar deja de ser un espacio donde sentirse querido, seguro y protegido para convertirse en un auténtico infierno en el que reinan los gritos y las peleas o los no menos dolorosos golpes que pueden infligir los gestos de indiferencia, las miradas despectivas o el más absoluto de los silencios.

Partiendo de esta triste realidad que viven muchos y muchas adolescentes LGTB en su entorno familiar, el programa “La vida arcoíris” de la Fundación Márgenes y Vínculos está dirigido precisamente a las familias de estos/as adolescentes y tiene como objetivo fundamental mejorar las relaciones paterno/materno-filiares. Para ello, consideramos que a la hora de hacer frente a la homosexualidad, bisexualidad y/o transexualidad de un hijo o una hija es importante:

 

  • Saber que la homosexualidad, bisexualidad y transexualidad son tan normales y naturales como la heterosexualidad y la cisexualidad.
  • Informarse bien sobre la realidad de las personas LGTB para desterrar todos los mitos, estereotipos y prejuicios que existen al respecto en la sociedad.
  • Luchar contra cualquier forma de LGTBfobia, así como proteger y, llegado el caso, defender a su hijo o hija de cualquier ataque físico o verbal que pueda sufrir al respecto.
  • Tener en cuenta que tratar de cambiar la identidad de género y/o la orientación sexual de una persona no es solo una tarea imposible (pues dado que es algo que no se puede elegir, tampoco se puede modificar) sino que conlleva, además, graves consecuencias psicológicas.
  • Estar atentos ante cualquier señal que pueda indicar que su hijo o hija está sufriendo algún problema de salud mental, como baja autoestima, inseguridad, ansiedad, depresión, abuso de sustancias, etc.
  • Recordar que lo único que quiere cualquier persona es que su familia la escuche, la comprenda, la ayude, la apoye y, en definitiva, la quiera tal como es y sienta orgullo de quién es, independientemente de cuál sea su identidad de género y/u orientación sexual.

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