Agentes de la Policía Nacional desarticularon hace unos días  en España una organización criminal acusada de trata de mujeres con fines de explotación sexual y liberaron a tres de sus mujeres víctimas. Las mujeres, migrantes vulnerables de origen sudamericano, eran captadas mediante aplicaciones de mensajería instantánea y trasladadas a España tras generarles una deuda de hasta 7.000 euros. Una vez en este país, eran obligadas a ejercer la prostitución en diferentes viviendas y clubes trabajando 24 horas al día, con tan solo dos horas de descanso y sin poder negarse a realizar ningún tipo de servicio sexual. Además, debían ceder su imagen para publicar anuncios en páginas web de contactos. Las víctimas eran amenazadas y coaccionadas para que continuaran ejerciendo la prostitución. Algunas de ellas llegaron incluso a recibir fotografías de sus familiares en sus países de origen como forma de intimidación. La actuación de la Policía Nacional permitió la liberación de tres víctimas y la detención de once personas en las provincias de Castellón (6), Madrid (2), Sevilla (2) y Alicante (1). Cuatro de los principales responsables han ingresado en prisión provisional.

Noticias como ésta aparecen cada cierto tiempo en los medios de comunicación para dar cuenta de una actividad delictiva que no cesa y que ha encontrado en las nuevas tecnologías una herramienta para mejorar su funcionamiento criminal. La extensión de este fenómeno es muy amplia, pero ignoramos sus dimensiones reales. Nos pueden servir para tener una idea aproximada los datos publicados en los últimos años por la Fiscalía General del Estado en sus memorias anuales.

Los expedientes gubernativos de seguimiento de causas por delito de trata de seres humanos abiertos por la unidad especializada de la Fiscalía en 2024 fueron 150, frente a las 162 de 2023.  Atendiendo a los diferentes fines de la trata, los datos que arrojan las diligencias de seguimiento de 2024, en comparación con los años 2022 y 2023, son los siguientes:

Fines de la trata de seres humanos, según los casos recogidos en las  memorias anuales de la

Fiscalía General del Estado

2022 2023 2024
sexual 91 116 110
laboral 18 40 33
mendicidad 1 1 0
actividades delictivas 3 3 4
extracción de órganos 1 0 0
matrimonio forzado 1 2 2
servidumbre 0 0 1
Total 115 162 150

La oficina de la coordinadora de la Unión Europea (UE) contra la trata de personas distribuyó un cuestionario a todos los estados miembro en 2023, cuando España ocupaba la presidencia de la UE. El cuestionario lo recibieron en España las fuerzas y cuerpos de seguridad del estado, la unidad de trata de personas y extranjería de la Fiscalía General del Estado y la Red española contra la trata de personas que aglutina a más de una treintena de organizaciones y entidades de la sociedad civil especializadas en la asistencia a las víctimas. Con las respuestas de 22 países miembros de la Unión Europea, los investigadores elaboraron un estudio, que está en la base del informe Trata y explotación de seres humanos en línea. Una nueva realidad para un viejo problema, difundido en 2024 en España por la oficina de comunicación del Ministerio del Interior.

Los autores de este informe advierten de que la digitalización de las relaciones sociales y las nuevas tecnologías son utilizadas cada vez más por las redes criminales en todas las fases de la trata y explotación de seres humanos. Los tratantes emplean las redes sociales o los sistemas de mensajería, sobre todo, para contactar y captar a las víctimas o comunicarse con ellas, coaccionarlas, amenazarlas, controlarlas y para hacer publicidad de sus servicios e, incluso, facilitar logística para su explotación. Esas redes usan, así, menos violencia física, pero más la psicológica y refuerzan, además, el grado de dependencia que generan en las víctimas. Los delincuentes también emplean anuncios en páginas de citas en línea o aprovechan canales de difusión de contenido pornográfico para sacar beneficio con la explotación de las personas esclavizadas o utilizadas para grabar y difundir imágenes de contenido sexual.

Los delincuentes usan en la fase de captación de las víctimas, básicamente, dos tipos de técnicas: las pasivas o de pesca, y las de activas o de caza. Ambas aprovechan la vulnerabilidad o estado de necesidad de las víctimas, a las que ofrecen salidas aparentemente fáciles y altamente rentables a su situación de pobreza o necesidad en un país extranjero.

Las técnicas pasivas o de pesca suelen consistir en publicar anuncios en páginas web y redes sociales. El captador no se dirige directamente a las posibles víctimas, sino que publica ofertas de trabajo bien remuneradas para el servicio doméstico, la hostelería, la agricultura, el mundo de la moda, el espectáculo, la prostitución o actividades vinculadas a la pornografía, u otras más novedosas. Este sistema sustituye a las tradicionales ofertas de trabajo que los captadores difundían de boca en boca entre personas allegadas, familiares o amigos, en los países de origen. Los delincuentes ofrecen una imagen idílica, edulcorada y muy lucrativa de la actividad a llevar a cabo en el país de destino y  ocultan bien la verdadera actividad a realizar.  Las redes criminales no necesitan, gracias a las nuevas tecnologías,  una gran inversión de medios o tiempo, ni siquiera del contacto físico entre captadores y víctimas, lo que desdibuja y normaliza el posible delito.

Las técnicas activas o de caza son aquellas en que el captador identifica a posibles víctimas, especialmente a través de las redes sociales y los datos públicos compartidas en las mismas, y contacta con ellas. El delincuente hace todo un proceso de ingeniería social previo para analizar los perfiles de las víctimas potenciales y adaptar el suyo para explotar sus vulnerabilidades y hacerlas caer en el engaño. Una de estas técnicas de captación más conocidas es el lover boy. El delincuente finge estar enamorado de la posible víctima, a la que promete una vida en común y un proyecto muy tentador en otro país. Una vez que separa a la víctima de su entorno familiar y su red social de apoyo, es presa fácil para su explotación sexual. Casi todos los practicantes de este método emplean redes sociales o plataformas para buscar pareja como medio de contacto con sus potenciales víctimas. El uso de las redes sociales, además, permite que la víctima solo llegue a tener el primer contacto en persona con su captador/explotador una vez que se encuentra ya en el país de destino. Esto dificulta que pueda acceder a cualquier red de apoyo familiar o de amistades en su país de origen, una vez que está siendo víctima. La enorme dependencia emocional que el agresor crea con su víctima hace que, muchas veces, ella no llegue a identificarse como tal y que asuma su explotación como lógica y normal.

Las redes criminales emplean mucho las nuevas tecnologías para el traslado de sus víctimas. Monitorizan su desplazamiento y mantienen una comunicación constante con ellas, pero ocultando la identidad de los captores y transportistas para  dificultar la acción policial. Compran los billetes de avión y los envían digitalmente a las víctimas y usan documentos falsificados que consiguen en canales especiales de redes sociales. Las nuevas tecnologías también permiten la captación, la amenaza, la intimidación, la coacción y la explotación de las víctimas sin necesidad del traslado o la presencia física de las mimas. Los delincuentes utilizan cámaras web para los videos en streaming de contenido pornográfico que permiten que una misma víctima sea captada y explotada sin salir de su propia ciudad de residencia. Otras conclusiones del citado estudio son las siguientes:

– Las redes sociales, y en Telegram, se están utilizando para favorecer la explotación de seres humanos, permitiendo a los explotadores y clientes interactuar en un espacio seguro y privado.

– Internet ofrece nuevos espacios de explotación, principalmente vinculados al ámbito de la pornografía, y enmascarados bajo apariencia de profesionalización y actividad lícita y libremente aceptada. El fenómeno del webcaming o los videos en streaming suponen un entorno de especial preocupación por su falta de control y la dificultad de detección de casos de trata y explotación.

– El Internet oscuro o Dark Web parece que no está jugando un papel relevante en la trata de seres humanos y se limitaría a la circulación de material de abusos a menores. Tampoco el uso de criptomonedas parecer estar generalizado a la hora de hacer circular los beneficios de la actividad criminal.

– Pese al creciente uso de internet, la explotación tradicional sigue vigente al margen de las tecnologías descritas en este estudio, tanto en la trata sexual como en la laboral o el resto de las finalidades.

– En general los organismos y organizaciones de primera línea carecen de la especialización y los recursos técnicos necesarios para monitorizar adecuadamente la ingente información disponible en la red y detectar de manera proactiva casos de trata y explotación de seres humanos.

 

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