El Ministerio del Interior señala que la trata y la explotación de seres humanos siguen mostrando una tendencia al alza en las detecciones y liberaciones de víctimas, lo que refleja la persistencia del fenómeno. El balance estadístico 2021-2025 elaborado por el Centro de Inteligencia contra el Terrorismo y el Crimen Organizado (CITCO) deja claro la tendencia al alza. En 2021, el número de víctimas de trata sexual contabilizado por este departamento del Interior fue de 136, cifra que en 2025 fue de 374. El CITCO cifró en 4.704 personas en riesgo de explotación sexual en 2021 frente a las 7.830 de 2025. En cuanto a las víctimas de trata por explotación laboral, en 2021 fue de 51 y en 2025 de 390.Sin embargo, la organización Amnistía Internacional advierte que estas cifras son solo una parte de la realidad, pues explica que infradetección es masiva, especialmente en sectores invisibilizados como el trabajo doméstico interno, la agricultura o ciertos servicios. Muchas situaciones quedan clasificadas como “trabajo precario” o “conflicto laboral” pese a reunir elementos claros de explotación grave, trabajo forzoso o trata, lo que impide que las víctimas accedan a protección efectiva, asegura Amnistía Internacional en su último informe sobre la explotación laboral y trata de personas, fechado en enero de 2026.

Estas cifras y datos dan una idea de lo que supone la trata de personas, una de las formas más graves de violación de los derechos humanos en la actualidad. Un grupo de investigadores provenientes del ámbito universitario han elaborado un estudio titulado Comprender y desmontar los mitos sobre la trata de personas. Se trata de una guía en la que encontrar información para conocer mejor un fenómeno que los autores califican de complejo y que afecta a personas de diferentes edades, orígenes y contextos sociales.

En la guía se parte de la premisa de que, a pesar de los esfuerzos institucionales y sociales por combatir la trata de personas, persisten numerosos mitos, creencias erróneas y malentendidos que dificultan su detección, prevención y abordaje. “Estos mitos no solo invisibilizan a muchas víctimas, sino que también perpetúan el estigma, refuerzan los prejuicios y obstaculizan el acceso a la justicia y a los recursos de apoyo, así como la puesta en marcha de estrategias y acciones para prevención de la misma”.

Esta publicación está promovida por los investigadores Antonio Zayas (Universidad de Cádiz), Alberto Paramio (Universidad de Huelva), Ricardo Tejeiro (Universidad de Liverpool John Moores) y Marina Asensio (Universidad Internacional de Valencia). Y, a su vez, elaborada conjuntamente con las entidades sociales gaditanas Betania, Cruz Roja y Algeciras Acoge, además de contar con la colaboración de la Diputación Provincial de Cádiz.

Este grupo de investigadores asegura que una parte importante de la población continúa asociando la trata exclusivamente a la explotación sexual, cuando la trata incluye otras modalidades. “Esta guía no solo explica qué es y cómo se manifiesta la trata, sino que identifica los mitos más frecuentes, analiza su impacto en la vida de las víctimas y propone herramientas concretas para la acción y la prevención desde el entorno cotidiano. Se trata de una herramienta, con la que pretendemos facilitar la sensibilización y formación que parte de una mirada crítica, humanista y comprometida con la defensa de la dignidad humana. Solo desmontando los mitos podemos abrir el camino a una sociedad más informada, y, por ende, más justa, con aquellas personas que se encuentran en situaciones de alta vulnerabilidad, y por tanto necesitan de mayor protección psicosocial y jurídica. Por tanto, se espera aportar los primeros pasos, como punto de partida para la reflexión, el diálogo y el cambio”, asegura la autoría de la guía en su prólogo.

Los autores de la guía explican que la pobreza, la exclusión social, las desigualdades económicas y la falta de oportunidades generan contextos favorables para estas mafias. El informe señala que el engaño resulta, en muchos casos, más eficaz que la violencia física directa.

Otra idea falsa que tiene la mayoría de la ciudadanía es que las víctimas podrían abandonar con facilidad su situación si así lo desearan, un argumento que las y los investigadores rechazan, pues advierten que las organizaciones criminales utilizan mecanismos de control que reducen de forma drástica la capacidad de decisión de las personas explotadas. Entre estos mecanismos de control están las amenazas contra familiares, la retención de documentos, las deudas impuestas, la dependencia económica, el miedo a la deportación y la violencia psicológica forman parte de estas estrategias.

El estudio también subraya que la trata no es un fenómeno exclusivo de países empobrecidos. Se trata de una actividad criminal presente en prácticamente todo el mundo. Así, España ocupa una posición especialmente relevante. Además, se recuerda igualmente que el consentimiento de la víctima carece de relevancia jurídica cuando existe una finalidad de explotación. Y en el caso de los menores de edad, tampoco es necesario acreditar el empleo de medios coercitivos para que se considere trata.

Uno de los problemas para combatir la trata es que la mayoría de las víctimas no denuncia su situación, destacando la importancia de la detección temprana por parte de profesionales y el conocimiento de los indicadores que pueden alertar sobre posibles situaciones de trata. La publicación identifica además diversos factores de riesgo. La pobreza, el desempleo y la falta de oportunidades laborales aparecen entre los más relevantes. A ellos hay que añadir la discriminación, la exclusión social, la ausencia de redes de apoyo y determinadas situaciones migratorias marcadas por la irregularidad administrativa o el desconocimiento del idioma.

El estudio presta especial atención a las desigualdades de género y a la situación de los menores de edad, dos elementos que aumentan de forma significativa la vulnerabilidad frente a las redes de explotación.

Las consecuencias de la trata trascienden el periodo de explotación. Muchas víctimas sufren lesiones físicas, enfermedades, problemas de salud sexual y reproductiva o situaciones de malnutrición. A ello se añaden secuelas psicológicas de gran impacto, entre ellas el trastorno de estrés postraumático, la ansiedad, la depresión, la pérdida de autoestima y los sentimientos de culpa.

Las repercusiones también alcanzan la esfera social y económica. El aislamiento, la ruptura de vínculos familiares, la estigmatización y las dificultades para acceder a un empleo formal dificultan los procesos de recuperación e integración.

Desde nuestro proyecto y en base a los datos, podemos razonar que las víctimas no siempre llegan esposadas. A veces llegan con una oferta de trabajo falsa en el bolsillo.

La Trata de personas es el delito que se oculta a plena luz. Cuando la explotación no tiene el aspecto que esperamos, no la vemos. Y si no la vemos, no podemos actuar. 374 víctimas de trata sexual detectadas en 2025. 390 víctimas de explotación laboral. 7.830 personas identificadas en riesgo de explotación sexual. Estas son las cifras oficiales que marcan una tendencia que no deja de crecer desde 2021.

El mito que más daño hace es que seguimos imaginando a las víctimas de trata como personas secuestradas, encerradas, visiblemente forzadas. Esa imagen existe, pero es minoritaria. Los tratantes llevan décadas perfeccionando mecanismos mucho más difíciles de detectar: falsas ofertas de empleo, promesas de regularización administrativa, manipulación emocional, deudas impuestas, retención de documentación. Y frente a esto el mensaje central es claro: los mitos no son inofensivos. Crean barreras que dificultan la denuncia, alimentan la estigmatización de las víctimas y contribuyen a ocultar situaciones de explotación extrema.

Otro mito extendido es que las víctimas podrían salir de su situación si realmente quisieran, argumento que se desmonta este argumento con precisión: las redes criminales utilizan mecanismos de control que reducen drásticamente la capacidad de decisión de las personas explotadas. El miedo a la deportación, las amenazas contra familiares, la dependencia económica, la violencia psicológica…. son cadenas invisibles, pero igual de efectivas que las físicas por lo que la mayoría de las víctimas no denuncia. No porque no sufran, sino porque no confían, porque no conocen sus derechos, porque tienen miedo, porque dependen de quienes las explotan. Esperar que la víctima dé el primer paso es, en muchos casos, esperar demasiado.

España actúa como país de origen, tránsito y destino de víctimas. Y la trata no requiere cruce de fronteras ni violencia visible. Basta con el engaño, la vulnerabilidad o el abuso de poder para que el delito se configure.

Los profesionales tenemos que actuar, pero para ello debemos reconocer los indicadores que activen las alertas, como por ejemplo la ausencia de control sobre la documentación propia, restricciones de movimiento, condiciones laborales abusivas, temor excesivo hacia determinadas personas o autoridades, dependencia de terceros para comunicarse, signos de violencia física o psicológica. Ninguno de estos indicios es concluyente por sí solo, pero la coincidencia de varios factores justifica activar los mecanismos especializados de protección.

¿Quién puede detectarlos? Profesionales de distintos ámbitos y especialmente profesionales que, en su trabajo diario, tienen acceso a situaciones que ningún otro sistema puede ver, como los pertenecientes a los servicios sociales, ámbito sanitario, docentes, fuerzas de seguridad, entre otros.

Una conclusión que nos interpela directamente es que los datos de 2025 sobre trata y explotación de seres humanos en España no son solo estadísticas. Son el reflejo de un sistema que sigue fallando en el punto más crítico: la detección temprana.

Las víctimas no llegan con un cartel. Llegan con miedo, con silencio, con contradicciones, con una historia que no cuadra del todo. Llegan a una consulta médica, a una cita en servicios sociales, a una revisión escolar, a una orientación laboral. Y en ese momento, la persona al otro lado del mostrador o de la mesa tiene en sus manos algo que ningún juzgado podrá recuperar después: la oportunidad de ver lo que otros no vieron.

Esa oportunidad no se improvisa. Se construye con formación, con protocolos claros, con redes de coordinación que funcionen y con profesionales que sepan que su mirada importa. Porque la trata prospera en los lugares donde nadie la espera. Y se combate desde los lugares donde alguien decide estar atento.

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