La Fundación Márgenes y Vínculos imparte desde el pasado mes de abril cursos de ayuda a domicilio que capacitan a mujeres migrantes para atender a personas dependientes. Dieciséis alumnas participaron en la primera edición del curso y otras diecinueve lo han hecho en la segunda. Esperanza González, propietaria de la empresa Larasocial, con mucha experiencia en el trabajo social y la ayuda a personas dependientes, es la docente que ha impartido las clases teóricas y prácticas en el local de Márgenes en la calle Duque de Almodóvar, en Algeciras. El primer curso empezó en abril y el segundo termina el próximo 2 de junio. Han sido dos clases a la semana de tres horas cada una.
Imane es una de las alumnas. Es marroquí, tiene 39 años, es madre de cinco hijos y lleva 17 años viviendo en España. Estuvo primero en Madrid, luego vino a Ceuta y hace seis meses vive en Algeciras. En Madrid estudió, pero luego se casó y se quedó al cuidado de la casa y sus hijas e hijos. Hoy trabaja esporádicamente en cocinas de cafeterías. A Algeciras vino buscando mejor atención para una de sus hijas, que sufre autismo. Y está contenta con la atención médica y psicológica que aquí recibe. Forma parte de la asociación de familias de hijas e hijos con autismo y tiene muy claro por qué se ha apuntado al curso de ayuda a domicilio: “Soy nieta de mi abuela. Ella me crio, ella es la que se encargaba de mí y la que me dio la mejor ayuda del mundo. En cada una de las personas mayores veo a mi abuela y cada una aporta algo a mi vida. De todas aprendo”.
Imane es una de las mujeres marroquíes del curso, que son mayoría entre su alumnado. También hay algunas procedentes de Nicaragua, Colombia, Paraguay, Venezuela, o Perú. La más joven tiene 22 años y la mayor 70, pero la mayoría tiene entre 30 y 50 años. Casi todas tienen hijas e hijos a su cargo y casi todas están
casadas, separadas o divorciadas. Algunas de ellas están trabajando, pero quieren mejorar su formación y han visto en este curso una oportunidad para hacerlo.
Carolina tiene 33 años. Nació y vivió en Nicaragua, donde tenía un pequeño comercio. Sus ganas de mejorar su situación económica y de darle a su hijo más oportunidades de desarrollo la trajeron a España hace once años. Primero a Sevilla, luego a San Roque y por fin a Algeciras. Aquí trabaja como interna al cuidado de una mujer cercana a los 80 años. El de esta señora mayor es el tercer trabajo de cuidado de personas que desarrolla, pero aun así asegura que está aprendiendo mucho en el curso. Y no sólo en lo que es el lavado, la alimentación, la movilidad, el paseo o el trato a las personas. “Esto me ha abierto otras perspectivas. Y no sólo del mundo del trabajo, también de lo que es la relación con las personas. Aquí he encontrado a personas abiertas y he hecho verdaderas amistades”.
Esperanza González explica que el curso está basado en un modelo de atención centrado en la persona. Es decir, se trata no sólo de saber cómo se debe asear, limpiar, alimentar, mover, dar la medicación, vestir o tratar a las personas mayores, a las personas con discapacidades, o a las enfermas que necesiten ayuda. Insiste ante sus alumnas en que es muy importante conocer a cada persona, sus gustos, sus preferencias, sus capacidades y sus necesidades para dar a cada una el trato que requiere. “No se puede tratar a todo el mundo por igual. Cada persona tiene sus características, su historia de vida y sus particularidades y hay que conocerlas y respetarlas”, afirma la docente.
El curso tiene también su parte práctica, en la que las alumnas aprenden cómo hay que usar el material ortopédico o las camas articuladas que muchas de las personas dependientes necesitan: los bastones, las muletas, los andadores, las sillas de ruedas, o las grúas. Las alumnas también reciben un cursillo de primeros auxilios centrado en las urgencias médicas. “Es muy importante también saber que la cuidadora tiene que intentar mantener al máximo la autonomía de las personas. No se trata de darles todo hecho, sino de ayudarles a que sigan haciendo ellas mismas todo lo que puedan hacer el máximo tiempo posible antes de que se conviertan en dependientes totales”.
Esperanza González asegura que el curso organizado por Márgenes y Vínculos dentro de su proyecto de ayuda a las mujeres migrantes ha sido para ella un regalo. “Yo vivo en Cádiz y vengo a Algeciras con mucha ilusión, porque he encontrado aquí varios grupos de mujeres con las que he llegado a tener una relación muy buena”, dice. “Ellas muestran muchas ganas de aprender y de trabajar bien. Además, crean un espacio de cercanía, de amistad y familiaridad… y no sólo por su actitud en clase, sino por esa media hora de desayuno en el que compartimos todo y llegamos a tener una relación casi familiar”, añade.
Nadia Touati, coordinadora del proyecto en el que se enmarca esta actividad, recuerda que el curso está dentro de Prointegra, proyecto que desarrolla Márgenes y Vínculos con la financiación del Fondo Social Europeo + y el Ministerio de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones. Touati explica otra cosa muy importante: El curso sirve a las mujeres migrantes para saber que el trabajo de ayuda a domicilio tiene muchas posibilidades, que está regulado y que hay muchas oportunidades más allá del trabajo de cada una. Las empresas que en cada municipio trabajan para cumplir la ley de dependencia, las residencias de mayores o los centros hospitalarios también son fuentes de empleo. En el curso también se informa sobre la formación reglada y los requisitos que se exigen en esos sitios.
Algunas alumnas del curso sufren algunas de las condiciones en que viven muchas de las personas cuidadoras: trabajar sin contrato, sueldos por debajo de lo que marca el salario mínimo, se pagan ellas mismas la seguridad social, o no tienen más que un día de descanso a la semana o ninguno. Nadia Touati recuerda que este trabajo es hoy imprescindible para la sociedad, que todos vamos a llegar a viejos y que antes o después necesitaremos ayuda. Por eso es consciente de que este trabajo debe estar mejor remunerado y que las autoridades deben velar para mejorar sus condiciones laborales. Esperanza González también lo tiene claro: “El cuidado de personas dependientes es un trabajo vocacional”, dice y concluye: “Te tiene que gustar. Tienes que tener una actitud positiva. Ante las personas vulnerables y dependientes se te debe notar la alegría. Sólo así podrás mejorar su calidad de vida. Que lo que les quede de vida les sea más agradable”.



