Durante mucho tiempo la migración transnacional fue percibida como un fenómeno protagonizado casi de manera exclusiva por hombres mientras las mujeres permanecían en sus casas cual Penélopes a la espera de que sus Ulises regresaran algún día o les propusieran reunirse con ellos. Sin embargo, como decía la socióloga Mirja Morokvasic allá por 1984, las aves de paso también son mujeres. Y lo son no solo como acompañantes o migrantes consortes sino también como protagonistas en sí mismas.